Siempre recordaré (creo que a algunos ya os lo he contado) el primer día que asistí como profesor a clase. Iba con mucha prisa, tenía que improvisar, y no me dió tiempo ni a pensarlo. Simplemente abrí el aula, cerré la puerta tras de mí, y al darme la vuelta... 30 caras mirándome y haciéndome una radiografía. Con toda seguridad no sería así, pero esa era mi sensación. Una vez salvados los primeros momentos, me concentré en intentar, poco a poco, ir sintiendo comodidad con la situación, hasta que me fuí dando cuenta de que lo que tenía que decir era algo de lo que yo tenía conocimiento y además me gustaba. Sólo tenía que transmitir mi entusiasmo por el tema.
Después de aquello, me he visto en situaciones parecidas muchas veces, y mis primeros pasos consistian en 3 cuestiones básicas: ¿Conozco el tema? ¿Me gusta? ¿Puedo transmitir entusiasmo o convencimiento?
Mark Twain decía que preparar un buen discurso improvisado lleva tres semanas. pero ¿qué hacemos cuando de repente en una reunión o evento nos piden que intervengamos, y cuando queremos darnos cuenta se hace un terrible silencio y todo el mundo espera nuestras palabras? No olvidemos que pertenecemos a un colectivo de profesionales y empresarios que han demostrado holgadamente su valor y que además la mayoría ya tenemos....una edad. Nos ruborizamos seguro, o al menos yo sí; pero tampoco daremos buena imagen si actuamos como chiquillos y nos negamos a intervenir. Por tanto ¿Qué hacemos?
1. Si nos ponemos rojos, hacemos como si nada.
Es algo que no pordemos disimular, por lo tanto, o nos olvidamos de que nos hemos puesto como un tomate y pasamos al siguiente punto o hacemos una broma como por ejemplo: " Vaya, mi sangre ha decidido subir toda a la cara. Démosle un poco de tiempo que en seguida volverá a su sitio…” o si eres una chica " Creo que hoy me he pasado con el maquillaje..."
2. Créete de verdad que eres un experto en improvisar.
Es lo que más hacemos al cabo del día, cada vez que saludamos o damos una opinión; cada cosa que decimos la estamos “inventando” en el momento, por eso piensa que no es la primera vez que lo tienes que hacer, lo único es que hay más gente delante.
3. Intenta ganar tiempo para que tu subconsciente prepare el discurso.
¿Cómo? Pues por ejemplo, si nos han hecho una pregunta, repite lo que te han pedido. Por ejemplo: “Me pedís que diga mi opinión sobre Jaimito el fundador del desmenuzamiento filosófico del fandango sentenciero que en estos días está tan de moda”. En los pocos segundos que haces esto, sin notarlo, tu cerebro habrá trabajado rápidamente para encontrar alguna idea o anécdota que merezca la pena contar.
4. Es importante ordenar nuestras ideas, aunque sea en voz alta.
Por ejemplo: “Hablaré de tres puntos.” Y los indico.
- Si fuese un reunión podrían ser:
La segunda: por qué tengo esa opinión
La tercera: qué creo que deberíamos hacer.”
- Si es un acto o evento:
El segundo: una anécdota compartida con Jaimito y
El tercero podría ser pedir una acción que nos ayude a salir de la situación, como pedir un brindis, un aplauso… "
5. Hay que hablar de forma clara y fácil de entender.
Daremos nuestra opinión o hablemos de lo que nos une con Jaimito, no nos tenemos que enrollar; vale con dos o tres pinceladas.
6. No estaría de más demostrar nuestro punto de vista
Tendríamos que reforzar nuestra opinión don ejemplos, experiencias, anécdotas...
7. También es importante apoyas nuestras palabras con lenguaje no verbal y con la mirada .
Si contamos una anécdota divertida mostraremos un sonrisa, y un poco de "teatreo". No olvidarnos nunca, que al hablar debemos mirar a todos los asistentes. Muchas veces caemos en el error de centrarnos en los que tenemos más cerca, o incluso no mirar a nadie. Tenemos que atraer su atención.
8. Haz una llamada a la acción
Esto es lo que he puesto en punto 4. Para que en cierto momento todo el mundo sepa que nuestra intervención ha terminado, tenemos que expresar claramente qué viene después: invitamos a que hable otro, un brindis, una canción o que se besen los novios. (Si no estás en una boda, esto último igual no queda muy bien).
9. Que todo ello no dure más de cinco minutos
Dicen que lo bueno si es breve, dos veces bueno (o algo así). Por lo tanto, mejor quedarse corto que pasarse de extenso.
De todas formas, ten claro que no se va a hundir el mundo si no te sale como hubieses querido. Sólo será una improvisación más de todas las que haces. A mí, al menos, siempre me queda esta sensación.
Pero una cosa está clara, cuanto más lo practiques, más cómodo/a te vas a encontrar hacíéndolo.
Pero una cosa está clara, cuanto más lo practiques, más cómodo/a te vas a encontrar hacíéndolo.









